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Episodio 59. Adicción a la comida ¿Mito o realidad?

LECTURAS RECOMENDADAS

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6224546/

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0091305717300035

https://link.springer.com/article/10.1007/s13679-019-0326-2

Hace años yo tenía claro que existía la adicción a la comida, ahora tengo cada vez más dudas. Hoy vamos a ver algunas diferencias y paralelismos entre adicciones a drogas y la comida

Las drogas podemos decir de forma un poco basta que secuestran nuestro sistema de recompensa y a medida que seguimos consumiéndola van produciéndose otras alteraciones en otras zonas del cerebro que perpetúan nuestra adicción.

La alimentación por otro lado nos ha acompañado siempre, gran parte de nuestro organismo responde a los alimentos, liberamos montones de hormonas en respuesta a la comida, tenemos neuronas específicas que controlan el hambre y la saciedad, e incluso las zonas vinculadas al placer están en comunicación con las de hambre y saciedad para disminuir o aumentar el placer dependiendo del hambre que tengamos.

Vamos a empezar viendo algunas semejanzas y diferencias que se dan en el cerebro.

Cerebro, drogas y alimentos

El cerebro, digamos que es un órgano repleto de numerosos países, cada uno de estos países tiene una función, uno se encarga de gobernar la memoria, otro de las emociones, otro controlar tus comportamientos. Estos países se comunican entre ellos con unos cables llamado neuronas. Una vez el cerebro ha puesto en conjunto toda la información decide actuar de una u otra forma.

Por ejemplo, ves una chocolatina, tu cerebro predice una recompensa, tus neuronas de la saciedad te indican que ya estás suficientemente saciado, por otro lado piensas que “ya es la última y tu pareja aún no ha comido ninguna” y finalmente actúas no comiéndotela.

De todos estos países hay uno fundamental encargado de proporcionarnos la recompensa cerebral. Se llama núcleo accumbens (esto es una simplificación máxima). Cuando alguien consume drogas se produce una liberación de dopamina por encima de lo que cabría esperar de una recompensa natural como la comida, el agua o el sexo. Esta recompensa excesiva es una parte muy importante en el inicio de las adicciones a las drogas.

Pero antes de nada vamos a empezar conociendo un poco más el sistema de recompensa

El sistema de recompensa es un mecanismo que utiliza nuestro cerebro para fomentar nuestro aprendizaje y ayudarnos a sobrevivir. Gracias a este sistema nuestro cerebro se asegura de que repitamos una acción que garantice nuestra supervivencia. Comer, beber o tener sexo activan este sistema. A estos elementos se les denomina “reforzadores naturales”.

Sin embargo, también hay “reforzadores vacíos” que activan el sistema de recompensa sin que supongan una ventaja para nuestra supervivencia, estos son las drogas como la cocaína, la heroína o el alcohol.

Abreviando, cuando consumes una droga, se produce una liberación de dopamina por encima de lo que cabria esperar con un reforzador natural en el país del núcleo accumbens. Aunque seguramente haya otros neurotransmisores que influyan en el placer junto a la dopamina, esta contribuye además en el aprendizaje y la memoria que van a asociar distintos estímulos con la posterior consecución de la recompensa. Por ejemplo, estar con las personas con las que habitualmente te metes cocaína puede hacerte querer consumir cocaína para obtener esa recompensa (estudio).

Con la comida, ocurre algo similar a menor escala, ver un cartel publicitario de tu hamburguesería favorita te hace desear una hamburguesa en base a recuerdos pasados.

Par que se produzca este aprendizaje hay un concepto muy importante que es, “el error de predicción”.

Errores de predicción. Drogas VS comida

Cuando tu cerebro consigue la recompensa pueden darse 3 situaciones:

  • Error de predicción negativo
  • Error de predicción neutro
  • Error de predicción positivo

Vamos a poner un ejemplo que nos va a hacer entenderlo bien.

Error de predicción negativo, meto una moneda en una máquina de vending, pero el sándwich no cae… Mi predicción era que me iba a comer un sándwich, pero se ha quedado atascado. Esto va a hacer más probable que el próximo día no eche una moneda en esta máquina.

Si en lugar de eso el sándwich hubiera caído, la predicción se equipararía a la recompensa. Pero hay otra opción y es que además del sándwich caiga un refresco, a esto se le llama error de predicción positivo porque la recompensa es mayor y va a ayudarme a querer volver a meter dinero en esta máquina en lugar de la de al lado.

Y ya vamos a ir empezando a ver algunas diferencias con la comida. Cuando coges a ratoncitos y les indicas con una señal que van a recibir comida, a través del aprendizaje consiguen equilibrar la predicción con la recompensa, esto se observa con la dopamina liberada ante la señal y la recompensa. Con la cocaína esto no ocurre, el refuerzo que da la cocaína siempre es mayor que el previsto, y esto refuerza constantemente ese acto que acabas de realizar (estudio).

 

Los múltiples sistemas integrados de la alimentación

Otra diferencia y similitud que encontramos entre drogas y alimentos es que por un lado las drogas actúan a través de sistemas que estaban ahí para dar respuesta a nuestras necesidades en la naturaleza como el sistema de recompensa, pero por otro lado que las drogas no han formado parte de nuestra evolución no hay toda una maraña de sistemas destinados a regular su ingesta.

Me explico, los alimentos forman parte de nuestro ADN, prácticamente todo el cuerpo responde a su consumo y está montado para integrar todas las señales. Es más fácil hackear 1 ordenador y controlarlo como ocurriría con la droga que hackear 200 y controlarlos.

Gracias a los múltiples sistemas de retroalimentación que regulan la ingesta es más difícil que nuestro consumo de alimentos se trastoque hasta el punto de una adicción. Por poner algunos ejemplos, cada vez que comes tu cerebro se entera mediante mecanorrecptores del estómago que lo conectan directamente al cerebro, la presencia de comida en el tubo digestivo provoca la liberación de diversas hormonas que llegan a distintas partes del cuerpo además del cerebro provocando cascadas de consecuencias. Además, si comes en exceso tus depósitos de grasa aumentarán y habrá una mayor cantidad de leptina que aumentará tu sensación de saciedad y aumentará tu gasto energético, etc…

Todos estos sistemas se van a encargar de regular la ingesta de comida.

Por si no fuera poco, cuando comemos en exceso nuestro cuerpo está adaptado a ello y simplemente va a acumular el exceso de energía en forma de grasa. Gracias a este depósito podemos pasar la oportunidad de una comida sin graves repercusiones para nosotros. Pero, ¿qué ocurre con la droga? No estamos preparados para tolerar sobredosis porque no tenemos depósitos de almacenaje, y como no hay depósitos dejar pasar la oportunidad de consumir una droga implica que si no la consumo no voy a tener los beneficios que me aporta.

 

Intensidad en la liberación de dopamina y abstinencia.

Antes he mencionado a la dopamina, este neurotransmisor en respuesta a las drogas, ya sea alcohol o cocaína aumenta por encima de lo que puede hacerlo una comida. Pero a parte de esto se produce un problemón con el tiempo y es que se origina una compensación en nuestro cerebro que reduce la dopamina en personas con adicciones por debajo de niveles basales. Esto quiere decir que las cosas cotidianas como la propia comida o ver a tus seres queridos dejan de darte placer, a esto se lo conoce como anhedonia. Además, la falta de droga empieza a generar malestar (síndrome de abstinencia).

En este punto el consumo de droga ya no solo implica placer, si no que ya la necesitas para estar normal, y buscas la droga para evitar ese malestar.

Estos cambios son tan duraderos con la droga que los expertos en el tema hablan de que la adicción puede ser de por vida y volver a consumir una droga aunque haya pasado mucho tiempo de la última vez, te puede hacer caer en la adicción de nuevo, por este motivo se propone la abstinencia total.

Vamos a ver ahora que representa la abstinencia en la alimentación, por un lado, hablaríamos de sensación de hambre, pero, realmente pocas personas pasan hambre en la actualidad y simplemente comemos cuando NO estamos saciados, más que cuando tenemos hambre.

Representa mejor esta abstinencia, que no es totalmente comparable, el hecho de que cuando no comes algo muy rico y tenías la oportunidad de comerlo estás perdiendo la recompensa cerebral que te podías haber ganado.

Con alimentos concretos con fama adictiva, que se llevan consumiendo toda una vida es posible que se generen adaptaciones neuronales que conducen a consumir ese alimento de forma similar a la formación de un hábito, no solo un alimento concreto sino conductas concretas relacionadas con la comida.

Hay una metáfora que me gustó mucho cuando la hoy en referencia al establecimiento de hábitos y es la de ver nuestras conexiones neuronales como ríos, cuanto más tiempo lleva el río más profundo será el surco que ha realizado, lo mismo ocurre con nuestras acciones, cuanto más tiempo llevo realizándolas más profundamente instauradas están en nuestro cerebro, pero un aún así, no sé hasta que punto puede considerarse esto prueba de una adicción o hasta que punto generan estos alimentos depresión del sistema dopaminérgico a largo plazo. Aún así, si creo que en muchas ocasiones la solución puede ser abstinencia total de un producto, al igual que ocurre con las drogas, independientemente de que se llame adicción a la comida o no.

Lógicamente lo ideal es poder gestionar si como o no una palmera de chocolate. Pero fijaos que curioso, precisamente he oído hablar a personas que defienden que la adicción a la comida existe diciendo que no hay que dejar de tomar el producto que genera adicción, sino que hay que aprender a gestionarlo. Si hablamos de una adicción equiparándolo a lo que conocemos como adicción con las drogas, gestionarlo es un reto muy difícil y deberíamos hablar de abstinencia de ese producto aunque el término abstinencia no tenga tan buena fama en alimentación.

Si por el contrario una persona puede aprender a controlar la ingesta de un determinado producto al que supuestamente es adicto, yo no hablaría de adicción.

La etiqueta de “adicto a la comida”

Hay que tener cuidado con la etiqueta de “adicto a la comida”, quizás hay personas a las que les pueda ayudar a lidiar con ciertos productos asumiendo su rol de “adicto” y evitando su consumo, pero en otros casos la etiqueta de “yo soy adicto al chocolate” pueda hacer que lo coma porque simplemente es difícil resistirme y de esa forma puedo justificar mi acción.

Nuestra percepción y expectativas son muy importantes y condicionan nuestros actos. Esto se conoce bien con el efecto placebo.

Fíjate cómo en un estudio donde se dijo a los participantes que el líquido que iban a tomar iba a gelificar en el estómago y los saciaría (esto era falso), esas personas realmente se sintieron más saciadas, comieron menos en la siguiente ingesta, se afecto la liberación de hormonas gastrointestinales y el vaciamiento gástrico (estudio). Si crees algo tu cuerpo puede actuar en respuesta a esa creencia.

Hay otro estudio relacionado con la adicción a la comida muy interesante. En el se realizaron dos grupos, a uno se les dio un texto que justificaba que la adicción a la comida era real y a los otros que era un mito. Después pasaron a una sala con alimentos, aquellos que pertenecían al grupo de que la adicción es real comieron un 30% más de alimentos categorizados como adictivos (patatas fritas y galletas) y además se autodiagnosticaron en mayor medida como adictos a la comida que el otro grupo (estudio).

Lo dicho, el término adicto puede tener dos consecuencias opuestas, mi rechazo a comer bollos por el miedo que tengo a su potencial adictivo, o desinhibirme y comer bollos porque total soy adicto a ellos y es muy difícil dejar de tomarlos.

Conclusiones

En mi opinión, es posible que haya personas con conductas adictivas frente a la comida, conociendo además que el 100% de las personas come, si hay alguien con susceptibilidad para desarrollar adicción a la comida es fácil que se manifieste. Y más si tenemos en cuenta la publicidad o la total disponibilidad de los alimentos modernos y que estimulan en mayor medida nuestro sistema de recompensa.

A pesar de esto, creo que no se debe banalizar el término adicción, y aún nos queda para que exista un consenso claro sobre cómo identificar la adicción a la comida, tenemos algunos cuestionario como el YFAS pero no son perfectos.

Seguramente en el futuro uniendo los campos de las adicciones con los trastornos de conductas alimentarias podremos tener más respuestas y buscar el mejor tratamiento para aquellas personas que no pueden dejar de comer X alimentos o no pueden dejar de tener ciertas conductas con la comida.

La palabra “alimento adictivo” puede tener consecuencias muy distintas para las personas que la escuchan. Mientras que hay personas que no probarán ese alimento por el miedo a volverse adictos al alimento, hay otras personas que ya lo consumen y pueden empezar a consumirlo en mayor medida perdiendo cierto control sobre el alimento debido a que lo consideran adictivo.

Por último, creo que es un error polarizar esto en si la adicción a la comida es real o no es real, quizás hay que cambiar la palabra adicción por trastorno pero es indudable que aunque haya diferencias con el consumo de drogas también hay similitudes.

Me encantaría que me dieses tu opinión en comentarios ya que no es un tema fácil y hay infinidad de matices.

Es más, me gustaría contarte una reflexión personal, yo intento pensar que tanto la información que recibo como la que doy es incompleta. Siempre hay más información, el libro más gordo de cualquier temática está incompleto, y esto aunque parezca frustrante, es bueno, por un lado te indica que nadie tiene la verdad absoluta y por otro te indica que con nueva información puedes cambiar tu opinión.

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